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“Pase lo que lo que pase con la discusión presupuestaria, no habrá dinero para y para todos”

 

Muchos conocerán a Tomás García Azcarate por la información que ofrece en las redes sociales sobre políticas agrarias estatales, europeas e internacionales. Es Vicedirector del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, miembro de la academia Francesa de Agricultura y de la Accademia dei Georgofili. Ha respondido a las preguntas de Ardatza, sobre la situación que podrá darse en la “nueva realidad” post-covid.

 

¿Por qué se especializó en economía agraria? ¿Qué le llevó a ello?

Al acabar la secundaria, me atraía la economía pero también lo concreto, y qué hay más concreto en la vida que la agricultura y la ganadería.

Mucha gente le sigue en las redes sociales. Es muy activo y comparte multitud de artículos y opiniones que muchas veces han creado controversia ¿Cómo lo lleva?

Empecé cuando estaba en la Comisión Europea. Por un lado, disponía de mucha información. Por otro, notaba que mis interlocutores, tanto en los movimientos sociales como en la Universidad, carecían de ella. Podíamos discrepar sobre las soluciones, pero no deberíamos discrepar sobre los hechos. Luego, cada interlocutor social aporta sus soluciones, pero sin un mínimo consenso sobre diagnóstico, no hay forma de encontrar puntos de encuentro. En cuanto al mundo de la academia, le falta a veces conocimiento de la realidad y de los equilibrios políticos.

Con más, y variada información, ambas cosas mejoran. Esto de “variada” me ha traído problemas. Alguna gente no entiende que difundo informaciones que me parecen útiles y opiniones que me hacen reflexionar esté más o menos de acuerdo con ellas.

¿Qué análisis hace del impacto que ha causado el covid-19 en el mercado agrario?

El balance tiene luces y sombras. Entre las luces destaca que el ciudadano de a pie se ha dado cuenta que la actividad agraria es esencial, ha visualizado el trabajo de todos los que hacen posible este milagro diario que es el poder de comprar alimentos de calidad y variados todos los días. Luego, el impacto ha sido muy distinto entre producciones y mercados principales. Los que tenían como principal cliente el sector Horeca, como los productores de cordero o de cochinillo, lo han pasado peor. Los que producen fruta perecedera, como la fresa, han sufrido más que los de fruta más duradera o que se puede pelar como las naranjas, las peras o las manzanas. Los que tienen fuertes necesidades puntuales de mano de obra han tenido problemas serios.

Las sombras son, para mí, el revelado de los problemas que teníamos con antelación. Aquellos productores que tenían ya formas directas de llegar hasta el consumidor se han visto desbordados por la demanda. Aquellos productores organizados en entidades, generalmente cooperativas, capaces de suministrar a la distribución han sufrido menos que los agricultores individualistas que no estaban en una estructura organizada.

Otra sombra es, para mí, el resurgir del nacionalismo alimentario. Yo estoy muy a favor de los circuitos cortos, los productores locales y los Sistemas Alimentarios Territorializados. Tienen todavía mucho campo de desarrollo al lado de una distribución clásica que, en nuestro país, tiene una tupida red de tiendas por casi todo el territorio.

Pero producto local no quiere decir producto nacional, e incluso regional. En Extremadura, puede perfectamente ser portugués; en Euskadi y en Cataluña, francés.

Necesitamos (por difícil que sean) soluciones globales para los retos globales de nuestra sociedad, como el calentamiento climático, el cambio climático y las pandemias. Por esto creo profundamente, a pesar de los pesares, en Europa.

¿Qué oportunidades ofrece esta “nueva realidad”?

El consumidor se ha dado cuenta que los productores agrarios son importantes, en general, pero también en su territorio. Ha descubierto las compras por internet y muchos productores se han puesto a ello también. Hay una gran oportunidad para acercar al ciudadano (el habitante de la ciudad) al campesino (los agentes del campo).

Lo mismo ha pasado en toda Europa. No olvidemos que los cítricos de proximidad en Finlandia son españoles.

¿Qué carencias ha dejado al descubierto?

Ya he mencionado algunas, pero hay otra sobre la cual me gustaría insistir. El híper desarrollo productivo y el monocultivo ha hecho que el campo tenga fuertes necesidades de mano de obra durante periodos cortos. Esto requiere o una mano de obra local de reserva en paro durante gran parte del año, o recurrir a mano de obra emigrante, de otras regiones o países. Desde el punto de vista de la resiliencia del sistema alimentario, esta es una grave deficiencia. Si entra la Xylella Fastidiosa en Jaén, se hunde toda la provincia. En Huelva, a diferencia de Almería, todas las apuestas son para los frutos rojos, la fresa en primer lugar.

¿Qué políticas agrarias cree que se deberían impulsar en esta nueva era “post-covid”?

Se están haciendo grandes esfuerzos. Después de la crisis sanitaria, nos quedará una profunda crisis económica. La sociedad que estaba saliendo de la crisis del 2008 era más injusta, más desigual. Y ahora será más. Es verdad que se están haciendo grandes esfuerzos para mantener la máxima cohesión social posible, y esto es de agradecer.

Pero Europa y España saldrán empobrecidas de esta crisis, lo cual tendrá consecuencias sobre la demanda de productos alimentarios. Volveremos a ver un resurgir de los productos básicos, de entrada de gama. Al mismo tiempo, deberíamos ver un mayor interés por los productos naturales, ecológicos, de proximidad, de temporada, frescos, siempre que mantengan un diferencial de precios razonable con el resto. Los que, me temo, deberían sufrir más los productos de media gama y los de capricho, cuyo mayor precio no está relacionando con un factor interesante para el consumidor.

¿Cómo podemos afrontar el futuro (el post-covid) los y las agricultoras y ganaderas de explotaciones familiares? ¿Qué nos aconseja?

No hay respuesta general a esta pregunta. Las respuestas son locales, y es un atrevimiento por mi parte desde Madrid hablar sobre la situación en Euskadi.

Pero como soy un osado, me voy a atrever a responder, eso sí, pidiendo indulgencia por los errores de juicio que pueda cometer debido a mi osada ignorancia. Yo veo que tenéis algunas ventajas importantes que no tienen los agricultores del resto del Estado.

La demanda es superior a la posible oferta local. Vuestro pueblo tiene gran cariño a lo suyo y hay una relación cultural e histórica muy peculiar entre el vasco, el monte y los baserritarras.

Tenéis una cadena comercial, Eroski, con una relación histórica (aunque no siempre fácil) con el campo vasco, que empuja el resto de la distribución a poner en valor el producto local. Vuestras administraciones, tanto el Gobierno Vasco como las diputaciones, nos parecen desde Madrid como sensibles y próximas a las realidades del medio rural.

Me consta, por ejemplo, que el mercado de productos de Azpeitia es objeto de estudio hasta en América Latina y que investigadores como Eduardo Malagón o Aintzira Oñederra son referencias mundiales en el tema.

Usted afirma que el centro del debate no es la agroecología sí o no, sino el papel que la agricultura agroecológica va a desempeñar.

En todos los numerosos encuentros en los que he participado recientemente sobre el tema, he constatado al mismo tiempo acuerdos y desacuerdos.

El acuerdo es sobre el corto plazo; la necesidad de un salto de escala que permite el desarrollo de esta agricultura; el papel de las compras públicas en este proceso; la necesidad de abordar los problemas logísticos que limitan su desarrollo; la dificultad de acompasar el ritmo de desarrollo de la demanda y la oferta,...

El desacuerdo es sobre el papel deseable de la agroecología en el futuro. Algunos piensan que es EL sector agroalimentario que necesitamos. Yo respondo que es UNO de los sectores agroalimentarios que necesitamos.

Estoy convencido que la agricultura de proximidad, los Sistemas Alimentarios Territorializados, ni van (ni deben) sustituir completamente a la agricultura actual. Por “agricultura actual” entiendo un conjunto de agriculturas diversas, como son la agricultura convencional y la integrada, la extensiva, la ecológica.

A mi juicio, una política agraria, alimentaria, territorial, progresista y moderna tiene que, además del apoyo a los Sistemas Alimentarios Territorializados, promover para todos las agriculturas prácticas sostenibles desde el punto de vista del medio ambiente, agua, residuos, erosión...); del respeto a los derechos de los trabajadores; del bienestar animal; del transporte intermodal que ponga coto al actual monopolio del camión; el reciclado.

Tiene que impulsar el reciclaje y la reutilización, en particular de los envases y embalajes; la ganadería extensiva como la mejor manera de conservar un patrimonio natural de gran valor y en peligro; la lucha contra el desperdicio alimentario en las distintas fases del proceso de comercialización...

Hay debate sobre la orientación exportadora de la agricultura en el estado Español. ¿Cuál es su postura?

En el año 2019 el excedente de la balanza comercial alimentaria fue de unos 14.000 millones de euros, a comparar con un déficit comercial global de poco más de 34.000 millones, imputable en gran medida a la factura energética.

Aunque la gran mayoría de nuestras expediciones vayan dirigidas al resto de los miembros de la Comunidad Europea, nuestras exportaciones a terceros países no paran de aumentar, favorecidas (como demuestra, por ejemplo, el acuerdo con Canadá) por la tupida red de acuerdos internacionales que está tejiendo Europa.

España es el primer Estado miembro productor de productos ecológicos. Nuestros productores han tenido que buscar fuera, en particular en Alemania, los consumidores que no encontraban aquí.

España es la huerta de invierno de Europa. Gracias a los productores de invernaderos se permite a los consumidores del norte de Europa disfrutar de la alimentación variada y de calidad. Lo de “5 frutas y hortalizas al día” es para todos. Habiendo vivido 30 años en Bélgica, les aseguro que, en invierno, no se consigue consumiendo únicamente coles, eso sí colrepollo, col de Bruselas, coliflor... Como me dijo un amigo finlandés, para él los cítricos de proximidad son los valencianos.

España produce, más o menos, la mitad del aceite de oliva mundial. Los cardiólogos y nutrólogos de todo el mundo reconocen el interés de la dieta mediterránea y del aceite de oliva en una dieta sana. ¿Queremos renunciar a ofrecer a los ciudadanos de los Estados Unidos una alternativa a la mantequilla de cacahuete y a los del norte de Europa la mantequilla y la manteca de cerdo?

Por supuesto, que esta situación tiene sombras, como puede ser el monocultivo olivarero de Jaén; la insuficiente organización comercial de los productores que debilita su posición en la cadena alimentaria; la total dependencia del transporte por carretera; los problemas de coexistencia entre macrogranjas y algunos habitantes de la España vaciada; la necesidad de promover un alto nivel de bienestar animal en nuestras granjas; el agotamiento de ciertos acuíferos y la existencia de pozos ilegales; las condiciones laborales y de alojamiento de ciertos trabajadores... Estas sombras hay que abordarlas con valentía, pero como dicen en Francia, no tirar al niño con el agua del baño.

¿En cuanto a comercialización, en su opinión, de qué errores tendremos que aprender los y las agricultoras y ganaderas para no volver a cometerlos?

El futuro de la agricultura familiar pasa por la colaboración. Esta debe adoptar múltiples formas, como son múltiples las oportunidades que se presentan.

Para los agricultores agroecológicos, hablaríamos seguramente de resolver juntos el reto de “la última milla”, el reto logístico para llegar al consumidor, de coordinarse con otros para ofrecer una gama variada de productos en cantidad suficiente para abstecer los clientes potenciales; de tejer redes y contactos con los consumidores, de disponer del asesoramiento técnico necesario...

Los agricultores que comercializan por los circuitos comerciales clásicos deben colaborar para crear valor primero, responder eficazmente a las exigencias de sus compradores y conseguir su parte del valor generado en la cadena alimentaria. Un producto digno debe tener un precio digno.

Nuestra sociedad está viviendo una revolución tecnológica y el campo no es la excepción. La gran agricultura empresarial está en mejor posición que la familiar para sacar provecho de la revolución tecnológica en ciernes y responder al aumento de las exigencias sanitarias, veterinarias y/o medioambientales. Sin una política voluntarista por parte de las autoridades públicas, estos factores pueden transformarse en una poderosa maquinaria para expulsar a los agricultores familiares del campo. De nuevo aquí, la respuesta se llama organización económica y comercial.

Afirma que se debe impulsar el cooperativismo y la agricultura familiar. ¿Cómo? ¿Qué medidas son las que usted propondría para fomentar lo mencionado?

Ahora mismo, veo dos grandes debates encima de la mesa. El primero es la mejora del funcionamiento de la cadena alimentaria. Se debe trasponer en nuestro ordenamiento jurídico la recién aprobada Directiva europea sobre prácticas comerciales abusivas. Es buen momento para hacer balance de la ley española, de su funcionamiento y de las mejoras que se podrían introducir. El objetivo está para mí claro: una cadena alimentaria creadora de valor y una distribución equilibrada de dicho valor entre sus actores. Insisto, un producto digno ha de tener un precio digno.

En la misma línea, está la mejora de la información al consumidor con unas reglas de etiquetado, entre otros del origen de los productos, que sea más clara y comprensible para el consumidor. Cuando compras una lata de espárragos, aunque sean “Cojonudos”, debes ir con lupa para descubrir de dónde vienen, no dónde han sido envasados al final, sino dónde se han producido.

Y luego está el gran debate de la futura PAC.

¿Qué debe recoger la nueva PAC para asegurar un futuro sostenible a la agricultura y ganadería familiar?

Puedo ser prácticamente inagotable sobre el tema de la PAC. Pase lo que pase con la discusión presupuestaria, no habrá dinero para todo y para todos. Se tendrán que marcar prioridades en las medidas y prioridades en los beneficiarios.

Esta sería la razón de ser del próximo Plan Estratégico Nacional que debe presentar España y aprobar Bruselas. Mi opinión es clara, debería ser otro paso más, significativo, en el camino de “dinero público para bienes públicos”. Además del contenido de los Programas de Desarrollo Rural, me gustaría insistir en dos temas.

La nueva figura de los “Ecoesquemas” es, para mí, esencial y debe acompañar y recompensar a los agricultores que participan activamente de la adaptación y mitigación del cambio climático. Buenos ejemplos de ello serían, entre otros, el apoyo a la ganadería extensiva y la cobertura del suelo en cultivos leñosos. La ambición en los propósitos debe ir a la par con la ambición en el presupuesto que se le dedica.

En cuanto a las ayudas a la renta que queden, hay mucho camino que recorrer. Los beneficiarios deben ser los productores, no los titulares de explotación; las referencias históricas deberían desaparecer, después del conveniente periodo transitorio, el número de regiones debería disminuir, debería haber una convergencia interna real en el seno de las regiones primero y entre las regiones que queden.